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El viaje del Granma y la revolución cubana

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En noviembre de 1956, 82 rebeldes cubanos se subieron al pequeño yate Granma y zarparon hacia Cuba para iniciar la Revolución Cubana. El yate, diseñado para solo 12 pasajeros y supuestamente con una capacidad máxima de 25, también tuvo que transportar combustible durante una semana, así como alimentos y armas para los soldados. Milagrosamente, el Granma llegó a Cuba el 2 de diciembre y los rebeldes cubanos (incluidos Fidel y Raúl Castro, Ernesto "Ché" Guevara y Camilo Cienfuegos) desembarcaron para comenzar la revolución.

Fondo

En 1953, Fidel Castro había dirigido un asalto al cuartel federal en Moncada, cerca de Santiago. El ataque fue un fracaso y Castro fue enviado a la cárcel. Los atacantes fueron liberados en 1955 por el dictador Fulgencio Batista, quien se inclinó ante la presión internacional para liberar a los presos políticos. Castro y muchos de los otros fueron a México para planificar el próximo paso de la revolución. En México, Castro encontró muchos exiliados cubanos que querían ver el fin del régimen de Batista. Comenzaron a organizar el "Movimiento 26 de julio" que lleva el nombre de la fecha del asalto Moncada.

Organización

En México, los rebeldes recogieron armas y recibieron entrenamiento. Fidel y Raúl Castro también conocieron a dos hombres que desempeñarían papeles clave en la revolución: el médico argentino Ernesto "Ché" Guevara y el exiliado cubano Camilo Cienfuegos. El gobierno mexicano, sospechoso de las actividades del movimiento, detuvo a algunos durante un tiempo, pero finalmente los dejó solos. El grupo tenía algo de dinero, provisto por el ex presidente cubano Carlos Prío. Cuando el grupo estuvo listo, contactaron a sus camaradas en Cuba y les dijeron que causaran distracciones el 30 de noviembre, el día en que llegarían.

El granma

Castro todavía tenía el problema de cómo llevar a los hombres a Cuba. Al principio, trató de comprar un transporte militar usado, pero no pudo encontrar uno. Desesperado, compró el yate Granma por $ 18,000 del dinero de Prío a través de un agente mexicano. El Granma, que supuestamente lleva el nombre de la abuela de su primer propietario (un estadounidense), fue derribado, sus dos motores diesel necesitan reparación. El yate de 13 metros (aproximadamente 43 pies) fue diseñado para 12 pasajeros y solo cabía unos 20 cómodamente. Castro atracó el yate en Tuxpan, en la costa mexicana.

El viaje

A fines de noviembre, Castro escuchó rumores de que la policía mexicana planeaba arrestar a los cubanos y posiblemente entregarlos a Batista. Aunque las reparaciones al Granma no se completaron, él sabía que tenían que irse. La noche del 25 de noviembre, el bote fue cargado con comida, armas y combustible, y 82 rebeldes cubanos subieron a bordo. Otros cincuenta más o menos quedaron atrás, ya que no había espacio para ellos. El bote partió en silencio para no alertar a las autoridades mexicanas. Una vez que estuvo en aguas internacionales, los hombres a bordo comenzaron a cantar en voz alta el himno nacional cubano.

Aguas turbulentas

El viaje por mar de 1.200 millas fue completamente miserable. La comida tenía que ser racionada, y no había lugar para que nadie descansara. Los motores estaban en mal estado y requerían atención constante. Cuando el Granma pasó por Yucatán, comenzó a tomar agua, y los hombres tuvieron que pagar la fianza hasta que se repararon las bombas de sentina: por un momento, parecía que el barco seguramente se hundiría. Los mares eran agitados y muchos de los hombres estaban mareados. Guevara, un médico, podía atender a los hombres pero no tenía remedios para el mareo. Un hombre cayó por la borda por la noche y pasaron una hora buscándolo antes de que lo rescataran: esto consumió combustible que no podían ahorrar.

Llegada a cuba

Castro había estimado que el viaje tomaría cinco días, y comunicó a su gente en Cuba que llegarían el 30 de noviembre. Sin embargo, el Granma fue frenado por problemas con el motor y exceso de peso, y no llegó hasta el 2 de diciembre. Los rebeldes en Cuba hicieron su parte, atacaron las instalaciones gubernamentales y militares el 30, pero Castro y los demás no llegaron. Llegaron a Cuba el 2 de diciembre, pero fue a plena luz del día y la Fuerza Aérea Cubana estaba volando patrullas en busca de ellos. También perdieron su lugar de aterrizaje previsto en aproximadamente 15 millas.

El resto de la historia

Los 82 rebeldes llegaron a Cuba, y Castro decidió dirigirse a las montañas de la Sierra Maestra, donde podría reagruparse y contactar a simpatizantes en La Habana y en otros lugares. En la tarde del 5 de diciembre, fueron localizados por una gran patrulla del ejército y atacados por sorpresa. Los rebeldes se dispersaron de inmediato, y en los próximos días la mayoría de ellos fueron asesinados o capturados: menos de 20 llegaron a la Sierra Maestra con Castro.

El puñado de rebeldes que sobrevivieron al viaje de Granma y la posterior masacre se convirtió en el círculo íntimo de Castro, hombres en los que podía confiar, y construyó su movimiento alrededor de ellos. A fines de 1958, Castro estaba listo para hacer su movimiento: el despreciado Batista fue expulsado y los revolucionarios marcharon triunfantes a La Habana.

El Granma en sí fue retirado con honor. Después del triunfo de la revolución, fue llevada al puerto de La Habana. Más tarde se conservó y se exhibió.

Hoy, el Granma es un símbolo sagrado de la Revolución. La provincia donde aterrizó se dividió, creando la nueva Provincia de Granma. El periódico oficial del Partido Comunista de Cuba se llama Granma. El lugar donde aterrizó se convirtió en el Desembarco del Parque Nacional Granma, y ​​ha sido nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, aunque más por su vida marina que por su valor histórico. Cada año, los escolares cubanos abordan una réplica del Granma y vuelven a trazar su viaje desde la costa de México hasta Cuba.

Recursos y lecturas adicionales

  • Castañeda, Jorge C. Compañero: la vida y la muerte del Che Guevara. Nueva York: Vintage Books, 1997.
  • Coltman, Leycester. El verdadero Fidel Castro. New Haven y Londres: Yale University Press, 2003.


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